¿Cómo podrías reconocer uno de los mejores restaurantes de Palermo? Fácil. Porque sobre su puerta flota un niño gordo inflable de cara feliz. Semejante señal sólo puede augurar algo bueno y eso es lo que pasa cuando pasas la puerta de Niño Gordo, una parrilla asiática que es mucho más que eso. Sentite transportado a Asia sin salir de Buenos Aires comiendo en este restaurante de Palermo.
Niño Gordo: la puerta pequeña que te lleva directo a Asia sin salir de Palermo
Decir que Niño Gordo es una parrilla asiática es quedarse corto, porque este restaurante asiático de Buenos Aires tiene un alma asiática que se funde con ingredientes y sabores argentinos para una experiencia que vale la pena probar más de una vez. Por algo fue nombrado entre los 50 mejores restaurantes de Latinoamérica y del mundo.
Si querés sentir que estás en uno de esos callejones estrechos de Tokio rodeado de gente, restaurantes y sabores, tenés que conocer Niño Gordo.
Sake, miso y asado: el restaurante que mezcló dos culturas sin traicionar ninguna
La carta de Niño Gordo es un viaje gastronómico sin moverte de Buenos Aires. Acotada pero intensa, con lo justo para que tu viaje te lleve por China, Japón, Tailandia y más allá. Esta carta con lo mejor de la cocina asiática y un toque argentino te sorprende con platos pequeños y grandes para que puedas probar más de uno en tu visita o compartir: dumpligs, tataki, baos, katsu sando, noodles y postres para que no quede ningún sabor por descubrir.
Y si llegás a los postres con el estómago a punto de rendirse, hacé el esfuerzo porque vale la pena probar tanto el flan como el mango rice: el flan de miso, crema de jengibre y salted caramel es inolvidablemente cremoso y el mango rice con helado de mango es la reversión perfecta del clásico tailandés.
Diez sillas, un chef y ningún intermediario: así es la experiencia más buscada de Niño Gordo
Si te decidís a ir, el lugar más codiciado de Niño Gordo son las diez sillas de la barra del chef. Ahí los platos llegan directamente de las manos de quien los cocinó, sin intermediarios, sin recorrido por la sala. La cocina es completamente a la vista. Podés seguir cada preparación, escuchar el wok y sentir los aromas antes de que el plato aterrice frente a vos.
Además podés ver cómo se prepara cada trago de la carta y si tenés alma curiosa, preguntarle al barman por qué alguno de esos tragos tienen nombres cinematográficos: te podés pedir un «Takeshi Kitano» (si no conocés sus películas, te las recomendamos) o un Porco Roso en honor a Estudio Ghibli.
Es más, la impronta asiática trasciende la comida y lo impregna todo, al punto de encontrarte en el baño de Niño Gordo, un inodoro japonés (con instrucciones en japonés), canillas en forma de dragón y un gran espejo para que te mires mientras escuchas música de Estudio Ghibli.
Si buscás una experiencia diferente de vez en cuando y querés un restaurante que vibra sin ser bullicioso, que sea especial pero auténtico, sólo tenés que caminar por calle Thames y descubrir el ese niño gordo flotante que te señala con su cara feliz que encontraste uno de los restaurantes más auténticos de Buenos Aires.
📍Thames 1810
👉IG @xniniogordox