Buenos Aires está repleta de estatuas y homenajes a próceres y personajes históricos. Muchas en las plazas y parques y otras tantas en algunos de los palacios y edificios más lindos de la ciudad. Esas son notorias, pero las estatuas que se conocen como el monumento a la coima, monumento a la corrupción o al sobirno, pasan desapercibidas. Seguramente no sepas dónde está el monumento a la coima y por qué está en uno de los edificios más conocidos y famosos de Buenos Aires.
Por qué el Monumento a la Coima se esconde en un edificio racionalista sobre la 9 de Julio a la vista de todos
Las estatuas conocidas como el Monumento a la Coima están ni más ni menos que en la fachada del Ministerio de Desarrollo Social, el edificio más visible sobre la Avenida 9 de Julio después del Obelisco y que en su parte superior a ambos lados, tiene las famosas imágenes de Evita.

Seguramente esas imágenes sí las conozcas, especialmente cuando se iluminan por la noche, pero la próxima vez que pases de día, fijate bien porque a los costados de este edificio, en su parte inferior, están las dos estatuas conocidas como el Monumento a la Coima de Buenos Aires. Aunque no aparece en los planos oficiales ni fue inaugurada con ninguna ceremonia, existe toda una historia ¿o leyenda urbana? que sigue viva hasta hoy.
El Monumento a la Coima: la historia de una escultura con gesto incómodo
La pieza fue creada por el escultor Troiano Troiani en la década del 30 y muestra a un hombre con una mano extendida y la palma abierta, mientras que la otra mano sostiene una caja cerrada, como si escondiera algo en su interior. La postura es clara y no deja lugar a dudas: la estatua parece estar recibiendo un soborno, una coima, de manera disimulada pero al mismo tiempo obvia. Por eso, fue bautizada como el monumento a la coima.
Aunque ni Troiano Troiani ni el arquitecto encargado de la construcción del edificio, José Hortal, lo confirmaron de manera explícita, se cree que la escultura fue un gesto irónico y de protesta contra las presiones y los manejos turbios que rodeaban la construcción de este edificio de estilo racionalista. Con el tiempo, las dos estatuas de la coima se convirtieron en una especie de denuncia en piedra, y seguramente cuando vuelvas a pasar, les vas a prestar atención.
Este monumento a la corrupción en Buenos Aires forma parte de esas joyas ocultas que no aparecen en los circuitos más convencionales, pero para vos ahora ya es una parada obligada. Después de todo, no hay muchas capitales en el mundo que tengan en su avenida principal un monumento que combina arte e historia.