Lo que nadie ve de Candlelight en Buenos Aires: un montaje manual que equivale a 33 veces el Obelisco
En Buenos Aires, la magia de la música en vivo de Candlelight se construye vela a vela, hasta llegar a miles de velas colocadas estratégicamente por espacios como el Centro Asturiano de Buenos Aires.
Concierto Candlelight en el Auditorio San José de Buenos Aires.
Los conciertos Candlelight ya son parte esencial del mapa cultural de Buenos Aires: salas hermosas, íntima música en vivo y un mar de velas. Pero, ¿alguna vez te preguntaste qué pasa antes de que suene la primera nota? Muchas, muchísimas velas. Cinco mil, quince mil, treinta mil… El número cambia según la sede y el programa, pero siempre se encienden miles de velas.
Y esa imagen que parece armarse sola es fruto de mucho trabajo previo. Hay método, hay tiempo y hay gente laburando para que todo tenga como resultado un concierto digno tanto de disfrutar como de fotografiar.
El armado, de cerca
Primero, el desempaquetado. Se abren cajas, se retira la protección y quedan filas de velas sobre mesas de apoyo. Se agrupan por tandas y se chequea para que todas luzcan parejas. Después, se ubican en los pasillos, los perímetros del escenario y por los bordes y esquinas del espacio. La distancia entre velas se ajusta para que el dibujo se lea bien desde cualquier asiento.
Por último (pero definitivamente no menos importante), el encendido: se iluminan sectores completos, se corrige alguna posición y se baja la luz de sala. Para confirmar que el brillo es parejo, se hace una pasada rápida desde la última fila.
El efecto es inmediato. En el Centro Asturiano de Buenos Aires Sede Social, por ejemplo, el salón queda delineado por senderos cálidos de velas, con un escenario que parece tener luz propia. ¿No podés evitar sacar el móvil del bolsillo antes de que comience el concierto? No pasa nada, nos ha ocurrido a todos.
Para ponerlo en perspectiva: apiladas una sobre otra, 15.000 velas arman una altura que equivaldría a apilar 33 Obeliscos uno encima del otro. ¿Y si tocan 30.000 velas? Unas 19 veces la Alvear Tower.
Para cuando termina la última pieza, todavía quedan cosas por hacer. Se apagan las velas por sectores, se levantan una por una, se limpian y se devuelven a sus cajas. Y así función tras función.
Ahora que viste el detrás de las cámaras, la próxima vez que entres a Candlelight en Buenos Aires no solo sentirás la magia, sino que también conocerás cómo se crea. Miles de velas, mucha coordinación y una atmósfera que se siente fácil (aunque no lo sea tanto).